Por Carmen Aliaga
Quise saber del oro
su valor y su peso,
medir la gravedad,
varada en esa nave
de la supervivencia.
Quise saber del mar,
amar sin restricciones,
la hondura de aquel pozo,
donde el barro llegaba
a la mandíbula.
Quise saber del agua
su sal
y su dureza,
pero tan solo pude
ir sosteniendo el mundo,
sin apretarlo.
