Esteban Villarocha Revista Imán

Licenciado en Filosofía y Letras, agitador cultural e inconformista dediqué 10 años a la labor docente en diferentes Centros educativos de Aragón.

Fuí miembro de la Asociación Cultural CARACOLA que edito la ya desaparecida revista cultural: CARACOLA Zaragoza Ultramarina (1988-1992).

Fui profesor del CPA (1997-2000) de la asignatura de producción de espectáculos en vivo en el módulo de producción y realización audiovisual. He impartido cursos de Gestión Cultural (1996) para FOREM Aragón, he impartido cursos de animación y gestión cultural para Bibliotecarios y Bibliotecarias con el Gobierno de Aragón, he impartido Talleres literarios o de animación a la escritura en más de 100 centros educativos en campañas de animación a la lectura (1986-1993), he impartido cursos sobre Medios de Comunicación y Cultura para diferentes grupos de animadores socioculturales (1997).

Desde 1991 hasta 2025 trabajé en el Teatro Arbolé como Director Gerente de la Compañía y de la Sala, y dirijo la Editorial Arbolé, sus dos colecciones: Librititeros y Titirilibros con más de 58 títulos publicados.

Soy miembro de U.N.I.M.A. (Unión Internacional de la Marioneta) desde 1993. Pertenezco a ASSITEJ desde 1995 (Asociación internacional de teatro para la infancia y la juventud).

Colaboro con varias revistas Culturales españolas, ARTEZ, UBU. CRISIS y la revista de la Asociación de Autores de teatro A LAS PUERTAS DEL DRAMA. Colaboro habitualmente con Heraldo de Aragón.

Pertenezco desde su fundación en 1993 a la Coordinadora de Salas Alternativas que agrupa a 56 espacios privados de Teatro con programación regular y soy socio de honor de Teveo (Asociación de compañías de teatro para la infancia y la juventud)

He colaborado con muchas gentes del sector cultural sobre todo de teatro, artes plásticas y sector del libro. He participado como productor en 56 espectáculos con Teatro Arbolé y en 12 coproducciones teatrales con Factory Producciones, Teatro NASU, Compañía de Javier Aranda, Títeres sin Cabeza, El Gato Negro, Embocadura Teatro, Teatro Fronterizo, El Silbo Vulnerado y Kinser Producciones.


Actualmente, lo que más falta nos hace, es recuperar la confianza para poder encarar el futuro, para mejorar este presente que a casi nadie le gusta, por eso la pregunta que me hago es: ¿Cómo será ese futuro?

La sociedad parece haber escogido un camino equivocado, por eso prefiero caminar a la contra. El ser humano vive al revés, va en sentido contrario. El ser humano destruye el medio ambiente, se comporta como las bacterias, que matan a quien deben su vida. Ningún animal es tan violento con la naturaleza, perturba aquello a lo que debe su vida. Es decir, va al revés. ¿Cómo podemos escapar de esta vida al revés? Solamente podremos viviendo al revés.

En ese sentido me pregunto por el futuro que le espera a la actividad a la que he dedicado mi vida profesional: el Teatro, que más que vocación ha sido obsesión. ¿Qué será de la actividad que toma su nombre del lugar donde se realiza y que demanda para existir del encuentro físico en asamblea? El teatro siempre, hasta ahora, se ha definido como el arte de la reunión. A mi alrededor observo qué tras la pandemia, algunos miran el teatro como un fósil vivo, una actividad en decadencia. Puede que tengan motivos para pensarlo.

En este mundo líquido y digital, el Teatro edificio, con la separación convencional entre escenario y platea, precisa para celebrarse que el público se desplace hasta el lugar y una vez allí permanezca silente, invisible en la oscuridad y no interactúe más allá de la risa o del aplauso, se ha perdido el derecho al pataleo. Hoy, el teatro es percibido como una práctica superviviente ante el avance avasallador de la trasformación digital que, sobre todo, ha cambiado la manera de mirar del espectador, que ya no necesita estar en la platea. El Teatro, tal como era concebido, precisa reunión, asamblea, compañía, presencia y tiempos compartidos; pero, tras la pandemia, se produjo una transformación que aceleró la forma de mirar y estar del espectador vinculada a la trasformación digital que la pandemia aceleró, impuso y acabó cambiando la manera de entender y recibir el hecho teatral.

Algunos pensamos que, tras la pandemia, el mundo dejó de ser un mundo ordenado de presencias disponibles, para dejarse leer desde una pantalla a través de la mediación técnica que cambia las formas de recepción de la narrativa. Asistimos a la transformación del ocio, vivimos un cambio en la forma de recibir la cultura y un cambio en los usos del tiempo de ocio. De la sociedad analógica a la sociedad digital, el mundo visto a través de las pantallas. Como espectadores lo digital ha cambiado nuestra forma de mirar vivir y gozar la cultura.

A mi alrededor veo cómo la mayoría no lee lo que se escribe. La inmensa mayoría escucha para olvidar inmediatamente lo escuchado, consumen para tirar. Así las cosas, observo que no nos contamos nada los unos a los otros, no nos contamos cómo hacer comunidad, cómo ser, oímos historias que nos informan sobre cómo y qué consumir, eso es todo. Nos dedicamos a tragar información y desinformación, y a publicitar impúdicamente nuestra vida, nuestros breves pensamientos, nuestras emociones, dolores y alegrías por las cuatro esquinas de Internet, por eso me pregunto: ¿Qué será del teatro?

El capitalismo consumista arrasa y, sobre todo, arrasa las ideas. Vivimos jalonados por los rituales del consumo. El ocio es un elemento para consumir y el ocio se consume al igual que las pasiones y el eros, aunque sabemos que la cultura no se consume se goza.

 

El mundo que vivimos ha sido transformado por la poderosa, imparable e influyente revolución digital, que trata de convencer a millones de ciudadanos de la bondad de sus intenciones. Y, si atendemos a los resultados, parece que lo están consiguiendo. Pasamos pantallas constantemente, de una a otra a gran velocidad. ¿Dónde ha quedado el placer de la lectura tranquila sin prisas, pero sin pausas? El sosiego.

La pregunta es: ¿Cómo encontrar la salida de este laberinto existencial en el que nos encontramos? Necesitamos reencontrarnos con un futuro, que será lugar para la esperanza. Es imposible que el Teatro pueda vivir de espaldas a la cultura digital. Somos nosotros, los agitadores culturales, los que tenemos que vencer la resistencia inicial del Teatro ante los nuevos modelos de ver y participar que la cultura digital nos aporta. La llegada del teatro online no puede ser recibida acríticamente ni desde la refutación ni desde el elogio. El teatro seguirá de una forma u otra hablando de la condición humana, de nuestras fragilidades y de nuestras pasiones en un recinto como los que conocemos o en diversas pantallas, pero no dejará de hacer preguntas inquietantes y pavorosas. El Teatro no es un fósil.

El debate está servido. La revolución digital transforma el pensamiento, la sociedad, la cultura y el derecho. Este cambio se ha acelerado tras la pandemia, pero no podemos olvidar que la memoria, la verdad y el pensamiento crítico son los refugios del humanismo que nos permite vivir al revés, caminar a la contra.

Como dice Marina Garcés en libro Malas compañías pensar no es solo aprender a no saber. Es asumir el riesgo de no ser, es lo que me ocurre con la cultura digital que inevitablemente nos acecha: el mundo tecno utópico supondrá un cambio cultural impredecible. Afirmamos que vivimos en una sociedad del conocimiento y en cambio no existen ideas, paradoja de intentar vivir en un mundo al revés. Tengo preguntas. Otra cosa sería tener respuestas.

 

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