Por Cándido Blas Laborda
A veces, me abandonan las fuerzas.
¿Puede el dinero envilecer tanto a los hombres?
Cuando respiro envidias, celos, ultrajes, hipocresía.
¡Abrid los ojos, gente!
¡Qué cobardía siento en el alma!
¡Qué impotencia me abrasa
cuando hombres que, sin piedad, se matan,
cuando el egoísmo desmedido ciega los ojos!
¡Abrid los ojos, gente!
¿No veis que son hermanos?
¿No os dais cuenta que tienen madre?
¿No advertís que su sangre es vuestra sangre,
que su fosa es vuestra fosa,
que la muerte no entiende de colores
ni de extremos, tiranos y manipuladores,
que vuestro dolor y el suyo es el mismo,
que su olvido será el vuestro y el de todos?
¡Abrid los ojos, gente!
