Revista de la Asociación Aragonesa de Escritoras y Escritores
Revista de la Asociación Aragonesa de Escritoras y Escritores
Antón CASTRO Querido Miguel: Tengo la sensación de que ha pasado no media vida sino una vida completa, algo más del siglo que hubieras vivido y en el que te has vuelto inmortal. Por tu lírica, por la aureola que has dejado al irte aquel primer día de agosto cuando te sentías derrotado de vivir. Y de soñar. Y quizá
Mientras os alejáis cantando juventudes yo permanezco aquí M. LABORDETA Descansa en paz, voz de todos los hombres, tú que naciste como retrato de un presente sin relojes y el ocaso de hoy se yergue como el mejor de tus soles. Oh bello hermano de la muerte, sagrado corazón en los bosques del invierno, huésped del aula en la
A Miguel Labordeta Muy lejos de asambleas donde intervienen todos pero nadie escucha. La pasión fue cediendo para no hacer dormir ni despertar al prójimo. No conmina, no acusa, no denuncia, apenas si protesta. ¿En el nombre de quién? (La razón me libre). Huir al valle junto a un mar inmensamente viejo. ¿Intentar sostenerse y conferir a cada día un
En lo alto del faro desde las colinas de la Mansión Azul viendo ir y venir a los deseos náufragos y navegantes de la luz en los mares del tiempo. En lo alto del faro contemplando desde el universo del texto el abismo de aquellos que se sienten gota en el mar de los versos. En lo alto
No volveremos más pero eso tú ya lo sabes amigo no podemos luchar contra el destino. En las noches azules casi negras del más irreparable infortunio cuando miremos hacia atrás y lo vivido cobre un oscuro sentido sabremos tal vez el secreto de la flor machacada por las botas de la historia que apenas recordamos. No volveremos. No. El tiempo
A Miguel Labordeta Deberías hablarme de lo desconocido como si la gruta de una cueva no fuera privilegio de unos pocos Y en cambio hablas de tiempo estatua árbol hormiga en la tarde, incesantes mundos destruidos en nuestros ojos, porque ahora vemos el doble y la nada en los soles y los vientos son llamadas al no
A Miguel Labordeta A ti que los dioses te han entregado ya todos los secretos a ti que eras de sol y de búsqueda, de volcán y de estertor de paloma. ¿Te has ido? ¿Te has ido de verdad? ¿O nos devuelves a través de tus hermanas las estrellas, toda la profundidad de tus partículas infinitas? Sabemos
Juan Carlos Elijas Medio siglo de cloroformo y limonero, con el corazón en la mano, la ceguera en arterias y pasiones, y acabamos de fallecer como falleciera la estirpe entre el arado y el rebaño, entre ángeles y catecismos. Medio siglo y las piernas que nos fallan, la brisa palpa con sus frescos dedos el rostro de la soledad, sus
Sonámbula, siniestra y solitaria a través de una larga noche sin consuelo, las pirañas arrancan mi alma, el frio soporta el espacio, el ardor de mi tristeza, el ahogo en la carne abierta a la muerte. El universo es un instante en la memoria, calma vuelta a la ceniza, mandamiento abrasado de misterio, llanto, nacimiento, penumbra, abrazo olvidado.