ELLA ESTABA BIEN
Isidro y Antonia no eran una pareja excepcional. Hacía tiempo que él estaba jubilado y acostumbrado a una vida cómoda. Antonia, su esposa, siempre lo ha cuidado como a un rey, para ella no existían las jaquecas ni un malestar; si los tenía, se aguantaba y callaba. Quería ser la esposa perfecta y prolongar ese amor que se tenían. Él