LA PAZ, ESE DESEO…
I Y llegaron los hombres, furiosos, con sus máquinas de guerra, canciones de bastardos alienados y munición de odio. Gritaron las esferas, los amantes dejaron los abrazos, los dioses se volvieron asesinos y se extraviaron en la indiferencia. Ya no hubo más mañanas de pájaros. Al final, en el campo de batalla, sigue lloviendo sangre de olor gris y la