Número 33 - Otoño 2025

Antonio Machado: Poeta de los laberintos del ser, los otros yoes, la filosofía en la poesía.

Jesús Soria Caro

Por Jesús Soria Caro

Profesor de secundaria, doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada con la tesis doctoral “Las huellas de la modernidad en la poesía contemporánea”. Fue miembro de Eclipse, forma parte de El pollo urbano, escribe también reseñas y columnas de opinión en Heraldo de Aragón. Colabora en Aragón Radio en La torre de Babel, con una sección dedicada a la poesía.

Como poeta ha publicado The End, (Primer premio Poesía Delegación del Gobierno en Aragón), (Zaragoza, Aqua, 2008), Diccionario del tiempo (Toledo, Lastura, 2017), Diario de Oceanía (Zaragoza, Los bigotes del Potemkim, 2017), Sum(ido) 366 (Ediciones en Huida, Sevilla, 2018) y The End interludio (Zaragoza, Los libros del gato negro, 2023) y Metasilencio, (Verbum, 2024).


 

Antonio Machado fue un creador polifacético con una apasionante vida: poeta, autor de teatro, bohemio en París, un filósofo que estudió en la Sorbona, asistiendo a las clases de Bergson, un activista social que se posicionó junto a los desfavorecidos.

     Se cumplen 150 años de su nacimiento. Vamos a a abordar los temas poéticos y filosóficos que fueron tratados en su producción literaria.

 

La lírica de Antonio Machado se centró en el misterio interior y atendió, como señaló Rafael Lapesa (1977: 238-39): “sobre todo a los recovecos de la propia alma. […]Es cierto que ya en los primeros libros están presentes los problemas fundamentales de la existencia humana -muerte y supervivencia, el universo como quietud armónica o como fluir incesante, busca de Dios entre la niebla, vieja angustia que acompaña inseparablemente al hombre”. (Lapesa, 1977: 238-239).

      Un símbolo de esa búsqueda de respuestas existenciales es, por contraposición a la sed, el agua, que representa cuanto puede saciar anhelos e inquietudes, cuanto puede calmar la angustia del vivir humano: “¿Eres la sed o el agua en mi camino?”. La filosofía de Bergson le llevó a la conciencia del tiempo, este es devenir, transcurrir, su finitud le conduce a la angustia, es ahí donde nace la necesidad de buscar un orden trascendental que sustente su obra. Se alterna en su obra la crítica a la religiosidad superficial, el anticlericalismo, con cierta sed de Dios, con la necesidad de que la eternidad sea la respuesta al final de la vida, la posibilidad de que tras la muerte el “ser” no desaparezca. Es un Dios al que busca entre la niebla de dicho tormento. Lo anhela con el corazón, aunque la cabeza lo niegue, rasgo este que lo emparentan con el pensamiento literario de Unamuno, con quien tuvo una amistad y que tuvo una influencia destacada en el poeta sevillano:


Daba el reloj las doce… y eran doce

golpes de azada en tierra…

– ¡Mi hora! …-grité. El silencio

me respondió:-No temas;

tú no verás caer la última gota

que en la clepsidra tiembla.

Dormirás muchas horas todavía

sobre la orilla vieja,

y encontrarás una mañana pura

amarrada tu barca a otra ribera. (Soledades, galerías y otros poemas).


       Hay una búsqueda continua de las realidades interiores, se viaja en sus versos al interior, al alma que en algún poema se llega a describir. Se nos adentra en los laberintos de su ser. El yo quiere conocer los secretos del pasado, las verdades ocultas, lo que queda escondido en las galerías, en esas zonas subterráneas que guardan el sentir, su dolor, los recuerdos y vivencias olvidadas. El poeta descifra el misterio, su tarea es casi mística, sagrada, esa verdad oculta solo está revelada a quien buscan en lo “Secreto”:


Leyendo un claro día

mis bien amados versos,

he visto en el profundo

espejo de mis sueños

que una verdad divina

temblando está de miedo,

y es una flor que quiere

echar su aroma al viento.

El alma del poeta

se orienta hacia el misterio.

Sólo el poeta puede

mirar lo que está lejos

dentro del alma, en turbio

y mago sol envuelto.

En esas galerías,

sin fondo, del recuerdo,

donde las pobres gentes

colgaron cual trofeo

el traje de una fiesta

apolillado y viejo,

allí el poeta sabe

el laborar eterno

mirar de las doradas

abejas de los sueños.

Poetas, con el alma

atenta al hondo cielo,

en la cruel batalla

o en el tranquilo huerto,

la nueva miel labramos

con los dolores viejos,

la veste blanca y pura

pacientemente hacemos,

y bajo el sol bruñimos

el fuerte arnés de hierro. (Primer poema de Galerías)


        El recuerdo es uno de los temas de su creación. Recuerda en un sueño a su mujer Leonor, en otro texto recuerda cuando caminaba con su madre de la mano. La infancia amada, a la que siempre regresa y el recuerdo, el afán de regresar a lo que se vivió, siempre quedan en su alma, en sus galerías del interior en las que se quiere adentrar:


Galerías del alma… ¡El alma niña!

Su clara luz risueña;

y la pequeña historia,

y la alegría de la vida nueva…

¡Ah, volver a nacer, y andar camino,

ya recobrada la perdida senda!

Y volver a sentir en nuestra mano

aquel latido de la mano buena

de nuestra madre… Y caminar en sueños

por amor de la mano que nos lleva. (poema de Campos de Castilla).


        El fantasma aparece en algunos versos, es el miedo, la angustia ante la muerte y ante la idea de que la vida no alcance el sentido vital que el poeta anhela.  Como afirmó Sesé (2005) hay en algunos pasajes de su obra un canto de encantamiento de este fantasma personificado que representa ese miedo ante el vacío, por lo que se interpela a la soledad, al dolor interior


¡Oh soledad, mi sola compañía,

oh musa del portento que el vocablo

diste a mi voz que nunca te pedía!

Responde a mi pregunta ¿Con quién hablo?


     ¿A quién dirige esta interrogación? ¿es a la sombra, al miedo, a lo más oscuro de sí mismo como decía Jung? Esa invisible compañera es un fantasma sin nombre que parece conocerle muy bien. Esta figura misteriosa tiene ciertas concomitancias con la musa-compañera que se citaba en Soledades, con sus máscaras y con el mismo misterio, que grita en los silencios de su intimidad:


Ausente de ruidosa mascarada,

divierto mi tristeza sin amigo,

contigo, dueña de la faz velada,

siempre velada al dialogar conmigo.

Hoy pienso: este que soy será quien sea;

no es ya mi grave enigma este semblante

que en el íntimo espejo se recrea

sino el misterio de tu voz amante.

Descúbreme tu rostro: que yo vea

fijos en mí tus ojos de diamante.


     Ese doble de la conciencia que le persigue parece su yo del pasado, su voz de la infancia. Esa aparición acontece en las galerías de su recuerdo, en los pasadizos de los laberintos de su alma. Parece el espejismo del yo niño que fue en otro tiempo:


Hoy, con la primavera,

soñé que un fino cuerpo me seguía

cual dócil sombra.

Era mi cuerpo juvenil,

el que subía de tres en tres

los peldaños de la escalera.


     Una metáfora recurrente en su obra es el mar, más que el cese del vivir, parece referirse Machado al misterio de la muerte y la supervivencia, asume ecos intertextuales de del río del tiempo que en La epopeya de Gilgamesh aparecía mediante la personificación del río de la muerte en la figura de Humbaba, es ese mismo carácter acuífero de lo temporal que Heráclito también en cierta manera evocó en el mundo clásico y que en la antigüedad  Lao Tse intuyó, ya que asumía que había una fuerza que fluía desde el ayer al final para desembocar en lo eterno. Es ese Vita Flumen que Jorge Manrique hizo parte de la tradición literaria medieval, que también será poetizado por Machado, que nos propone que la vida es un río de tiempo que muere en el mar para ser parte de lo eterno…


Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar,
que es el morir. ¡Gran cantar!
Entre los poetas míos
tiene Manrique un altar.
Dulce goce de vivir:
mala ciencia del pasar,
ciego huir a la mar.
Tras el pavor de morir
está el placer de llegar.
¡Gran placer!
Mas ¿y el horror de volver?
¡Gran pesar!


      En el poema se alude al “placer de llegar” a través de la muerte que representa la idea de llegar a una nueva y vida mejor. El horror de volver alude a la nada, pero es el retorno a algo desconocido, a la duda de una introspectiva lucha entre la nada y la trascendencia que esto implica. El mar del recuerdo es cruzado por la goleta de la infancia, son las aguas que llevan a un tiempo sin el tiempo, a lo eterno, al regreso al origen, a Dios:


Hoy, como un día, en la ancha mar violeta

hunde el sueño su pétrea escalinata,

y hace camino la infantil goleta,

y le salta el delfín de bronce y plata.

La hazaña y la aventura

cercando un corazón entelerido.

     Los paisajes de muchos de sus poemas son los de su alma: “crea el alma sus riberas”, ese viaje a las preguntas de su yo se hace desde la aridez del camino, la tierra de las dudas, las sombras del miedo. Se busca el mar, la luz, ambos son la representación de la necesidad de lo eterno:


Tuvo mi corazón, encrucijada

de cien caminos, todos pasajeros,

un gentío sin cita ni posada,

como en andén ruidoso de viajeros.

Hizo a los cuatro vientos su jornada

disperso el corazón por cien senderos

de llana tierra o piedra aborrascada,

y a la suerte, en el mar, de cien veleros.


     El paisaje se torna lugar de encuentro con la amada que viajó a los confines fuera del tiempo, parece ser un puente entre la vida y quienes habitan al otro lado del silencio.


     La literatura es el río de lo que empuja la corriente de la obra del poeta, viene desde la tradición y llega a la renovación de un nuevo lenguaje, de una nueva forma de ver el mundo de acuerdo a la perspectiva de la realidad que hay en cada época, en uno de sus poemas se recuerda la “Oda a Salinas” de Fray Luis de León


Tal vez la mano, en sueños,

del sembrador de estrellas,

hizo sonar la música olvidada

como una nota de la lira inmensa,

y la ola humilde a nuestros labios vino

de unas pocas palabras verdaderas.


     Hay en su escritura una indagación sobre quién es el yo. Está presente el malestar ante el desconocimiento de la identidad ontológica del ser. Se pretende saber lo que somos tras desnudarnos de lo social, tras dejar de ser la persona o personaje externo, se ansía vislumbrar la verdadera esencia del yo interior, así llegará a escribir:


¿Quién soy? ¿Quién es ese

otro dentro de mí, que me habla y huye?

¿Cuál es mi imagen en estos

turbadores reflejos rotos hasta el infinito”.


     En algunos pasajes parece ver a su alma, lo que es la esencia de su “Ser”, fuera de toda la materia, de todo lo que hace que la persona forme parte de la apariencia de lo externo:


Yo he visto mi alma en sueños…

En el etéreo espacio

donde los mundos giran,

un astro loco, un raudo

cometa con los rojos

cabellos incendiados…

Yo he visto mi alma en sueños

cual río plateado,

de rizas ondas lentas

que fluyen dormitando…

Acaso mi alma tenga

risueña luz de campo,

y sus aromas lleguen

de allá, del fondo claro…

Yo he visto mi alma en sueños…

Era un desierto llano

y un árbol seco y roto

hacia el camino blanco (Poema de Galerías).


     En ese laberinto infinito que es el ser, más allá de las paredes sociales del yo, sabe recorrer su esencia, llegar al centro de la duda, así acontece con sus heterónimos, con los que, igual que Fernando Pessoa, Machado crea personajes ficticios para expresar diferentes aspectos de su propia personalidad y pensamiento, otorgándoles una biografía y estilo propios. Machado utilizó principalmente dos heterónimos: Juan de Mairena y Abel Martín. En Juan de Mairena, su principal obra en prosa, se retrata a sí mismo como una especie de pedagogo socrático que conversa con sus discípulos en una clase imaginaria de Retórica y Sofística. Su ambición sería fundar una “Escuela Popular de Sabiduría Superior” en la que se enseñaría que el conocimiento es una ilusión válida, la verdad es relativa y la especulación es el único esfuerzo digno del hombre inteligente:

     “Vosotros sabéis que yo no pretendo enseñaros nada, y que sólo me aplico a sacudir la inercia de vuestras almas, a arar el barbecho empedernido de vuestro pensamiento, a sembrar inquietudes”.

     Más que poner a sus discípulos en el terreno de una conclusión, de una verdad impuesta, prefiere adentrarles en el laberinto de las ideas y dejarles allí para que busquen su propio camino.

     La obra de Machado es infinita, más allá de sus versos más populares, debemos adentrarnos en su profundidad simbólica, encontraremos el pensamiento de un filósofo que nos pierde en la belleza de lo poético. Pocos escritores han alcanzado una perfecta simbiosis entre poesía y filosofía, entre otros Unamuno, María Zambrano, pero la obra del autor de Campos de Castilla toca grandes temas: la identidad ontológica del yo, quién es ser ante la nada o ante la posibilidad de lograr la trascendencia, el absoluto. Las innumerables caras del yo, a las que da lugar en sus heterónimos son las galerías del misterio, estas anidan en sus versos, en sus aforismos, en la mente de sus otros yoes literarios: Juan de Mairena y Abel Martín. Dios es un misterio presente en su obra, en la que se duda de la trascendencia, pero en “Al gran cero” se entiende que Dios creó la nada para que supiéramos todo lo que hubiera sido el “ser” de no haber sido dotado de existencia, el poeta toma en su mano el brillo del vacío, este le ilumina en el abismo de su conciencia de existir desde el otro lado del “no ser”. En “Al gran pleno” se nos ofrece la mirada al interior del hombre, pero quien nos mira está fuera, es Dios, no nos ve como un reflejo en el sentido de la mónada de Leibnitz, sino como un río de libertad que camina hacia sus sueños, que está dotado de conciencia y decide su destino. En “estos días azules y este sol de la infancia” se ve otro mundo en sus versos, quisiera poder vivir dentro de ellos porque hay más tiempo que en la vida, en ellos se roza la eternidad, se camina hacia el infinito, sigo sus huellas, su estela que conducen hacia el origen del misterio.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Alvar, Manuel (2005): Antonio Machado: Poesías completas, Madrid, Austral. (Todos los poemas citados se encuentran en esta edición de las obras completas de Machado).
Lapesa, Rafael (1977): Poetas y prosistas de ayer y de hoy, Madrid, Gredos.
Sesé, Bernard (1980): Antonio Machado (1875-1939), El hombre, el poeta, el pensador, Madrid, Gredos.
Soria Caro, Jesus (2025): “Querido Don Antonio”, artículo publicado en Heraldo de Aragón el 25 de febrero, fecha de la muerte del poeta.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Monográfico Especial

Síguenos en redes

Descargar revista para imprimir

Portada Revista Imán33-

Lo más visto:

2 Artículo de La Gaceta Revista Imán

DESDE MIS OJOS

Por Sandra Villamil López La Naturaleza, un lienzo divino donde el arte y la vida se entrelazan en un baile eterno de
3 Artículo de La Gaceta Revista Imán

DESCUIDO MARAVILLOSO

Por Pablo Delgado CUANDO la presumida Hada Primavera regresó para derramar a manos llenas colorida vida por bosques y parquecillos, dejó escapar,
Ir aArriba

Recomendado:

María José Sáenz

Jacque Canales. Antología poética

Por María José Sáenz Rodríguez Tremp, Lérida. Licenciada en Medicina